- ¿Qué es este curso?
- Estructuras de carácter
- Del miedo al amor
- Responsabilidad
- Agresividad
- Perdón
Es 30 de octubre de 2007. Ha pasado una semana y voy a asistir a la segunda conferencia del “Curso de Psicología Práctica para la Vida” impartido por Carlos Odriozola, desde su Centro de Psicología Humanista en Málaga.
Así como la primera vez requirió de una introducción, en esta ocasión, tod@s sabemos a lo que vamos, y nos vamos sentando, nos vamos preparando. Algunas personas se saludan, de la anterior conferencia o del curso de formación. Otros esperamos. Se nota un ambiente distendido y agradable.
Mi novio duda si el escribir sobre estas conferencias puede perjudicar a Carlos y su curso. Yo creo que al contrario, ya que lo que aquí escribo no deja de ser una mero resumen y una interpretación mía sobre lo que entendí y experimenté. Asímismo, como dije en el primer capítulo, la vivencia de asistir en persona a dicho curso no tiene parangón.
El miedo
El miedo es, ante todo, una gran herramienta de nuestra máscara, cuyo único objetivo es alejarnos, separarnos del otro y de nosotros mismos.
La esencia de este objetivo es la creencia de que el otro sólo intenta hacernos daño o que nosotros mismos nos queremos dañar.
Normalmente, cuando tenemos un problema o sentimos malestar, nos preguntamos “¿por qué?”:
- “¿Por qué me ha pasado esto?”
- “¿Por qué tomé esa decisión tan mala?”
- “¿Qué he hecho yo para merecer este castigo?”
Estas preguntas siempre van a tener respuestas racionales, intelectuales, que nuestra cabeza pensante ha generado para hallar un falso consuelo:
- “Por culpa de mi padre, si no fuera por él, no tendría este problema”
- “Por que mi jefe me ha presionado y no tenía otro remedio”
- “Soy un desgraciado”
Estas respuestas, siempre ajenas a nosotros, atienden exclusivamente a nuestra máscara, nuestro personaje. Precisamente, estas respuestas atienden a lo que no somos, por tanto, resultan inútiles e ineficaces para hallar una solución y mejorar nuestro problema.
Si realmente deseamos hallar soluciones y no vacuos consuelos, la pregunta más útil será “¿para qué?”
- “¿Para qué me ha pasado esto?”
- “¿Para qué tomé esa decisión tan mala?”
- “¿Para qué me sirve este ‘castigo’?”
Indudablemente, las respuestas a estas preguntas varian considerablemente respecto a las anteriores, ya que estas preguntas siempre van a atender a nuestro corazón, a nuestras emociones y, por tanto, nos van a descubrir el verdadero propósito de nuestras acciones y de los demás, pudiendo dar una solución, sencilla o compleja, a veces costosa y dolorosa, a nuestro problema real.
- “Para entender que mi padre comete errores y aprender a valerme por mí mismo, respetándole”
- “Para distanciarme de mis compañeros de trabajo, ganar la confianza y el aprecio de mi jefe y quizá así tener una mejor posición laboral”
- “Ningún ‘castigo’ me sirve para nada, es una lección más de la vida que tomo con valentía, mente abierta y disposición de mejorar mi vida”
También es interesante resaltar el hecho de que cuando preguntamos “¿por qué?” emerge en nosotros un sentimiento de frustración, rabia, ira, tristeza. Sin embargo, al preguntarnos “¿para qué?” emerge un sentimiento de optimismo, aceptación, concienciación.

Sucedanios de AMOR
Cuando somos niños, nuestros padres son nuestros grandes héroes. Todo lo hacen perfecto, nos dan todas las soluciones a nuestros problemas. Sin embargo, llega un momento en que empezamos a darnos cuenta de que ni son tan perfectos ni nos solucionan nuestros problemas.
A llegado el enfrentamiento generacional por que ha terminado el ‘engaño’ y somos capaces de ver los sucedanios de AMOR que nuestros propios padres nos han estado dando durante estos años de infancia.
Aunque sea doloroso y parezca muy duro, los padres raramente ofrecen AMOR a los hijos, ya que el concepto del AMOR no suele ser aprendido en ninguna parte ni nos es facilitado en ningún cajero:
- Dependencia
Durante los primeros meses, se confunde la lactancia como AMOR. La supervivencia entregada por los padres puede llegar a ser un gesto amoroso, pero en ningún caso es AMOR. - Aprobación
Rápidamente, el niño aprende que es más “querido” si cumple las condiciones impuestas por los padres. Este chantaje emocional durará varios años. - Enamoramiento
Llega un momento en que los padres se llegan a “enamorar” de sus hijos y viceversa, con la consecuente ceguera emocional que implica.
El amor
En ninguno de estos casos se está dando AMOR al niño, ya que el AMOR no es un sentimiento, el AMOR es un hábito, la consecuencia de un comportamiento afectuoso.
La definición más exacta y esperanzadora de AMOR entonces sería:
«AMOR es desear y favorecer el desarrollo intelectual, físico, emocional y espiritual del otro.»
Carlos Odriozola
Se debe apreciar en la definición que, además de desear, es favorecer, lo que implica poner nuestro esfuerzo en el otro. Sólo así estamos dando AMOR.
Próximamente: Responsabilidad.




Firefox
Safari